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Bú (mitología)

El Bú, es un ser fantastico usado como asusta niños en el folclore castellano.

Se comprende como mitología castellana al conjunto de mitos y leyendas propias del territorio histórico de Castilla. Repartida desde 1980, aproximadamente entre las Comunidad autónoma de Cantabria (hasta 1982, provincia de Santander. Antiguamente "Montañas Bajas de Burgos”), La Rioja (hasta 1982, provincia de Logroño) [estas antiguas provincias pertenecían a la histórica región de Castilla la Vieja], Comunidad autónoma de Castilla y León, Madrid (hasta 1983, perteneciente a Castilla La Nueva) y Castilla-La Mancha (constituida en 1982. Antigua región de Castilla La Nueva). La mitología castellana, lejos de lo que comúnmente se piensa, no está exenta de leyendas, mitos y seres mágicos. Y a pesar del tamiz cristiano, subsisten ciertas costumbres paganas. Se pueden encontrar en la mitología popular de muchos pueblos castellanos, en su tradición oral y en el estudio de muchas obras literarias en lengua castellana.

Características Editar

La mitología castellana se caracteriza por nutrirse de varios orígenes. En primer lugar por entroncarse en sus raíces montañesas que llevaron consigo los repobladores foramontanos en lo que más tarde sería el reino de Castilla. De la tradición celtíbera subyacente en la población hispanoromana. Además, podemos comprobar la rica tradición hispanogoda, refugiada en la cornisa cantábrica (heredera del reino visigodo tras su caída en 716) aportando por ejemplo, iconografías características a la historia de Castilla, que aparecen ya en el "Poema de Fernán González": el caballo y el azor; o la lectura de los signos de buena o mala suerte en las aves ("pájaro de mal agüero"). Así mimos, se nutre también de los mozárabes (cristianos en dominios musulmanes) que o bien fugados o liberados, compartieron conocimientos y costumbres en tierras castellanas.

Muchos mitos, son comunes a otras regiones de la antigua Corona de Castilla. Esto deriva que por la extensión y diversidad en la orografía haya variedades. Tales como que un mismo mito o ser mitológico tenga distintas interpretaciones o se le nombre de forma distinta en diversos lugares. Aun así, Jesús Callejo señala en el territorio castellano los siguientes seres mitológicos, además de los comunes trasgos: Trentis (norte de Burgos), diablos burlones en La Rioja y Soria, Reñuberos en Palencia, Valladolid y León, nublaos y regulares entre Zamora y Valladolid, Gnomos en la Sierra de Francia, nubleros en el Sistema Central y la Sierra de Alcaraz en Albacete, gnomos y diablos burlones en la serranía de Cuenca y Guadalajara (es fácil ver cómo se repiten idénticos seres en idénticos ámbitos geográficos –monte, montaña, llanura...), enanos mineros en los Montes de Toledo o monjes sobrenaturales en Ciudad Real. Además, muchos de estos mitos o leyendas han viajado a iberoAmérica con los colonos castellanos.


En la literatura Editar

Está muy extendida la idea que la literatura castellana es carente de elementos fantásticos. Pero esto se contradice si se consulta las obras del siglo XVII. El propio Cervantes, entre otros muchos, recogerá toda clase leyendas, mitos y fantasías propias del vulgo, para la realización de sus diversas obras. [Véase “Literatura Fantástica y de Terror Española del Siglo XVII”] Pero mucho de este material mitológico era descartado por ciertos escritores “eruditos” o bien atacado por algunos sectores como supersticiones del populacho.

A primera vista parece que Castilla no presenta material «maravilloso» (susceptible de relacionar con tradiciones paganas). No obstante, dicho material existe no sólo en los cuentos, sino también en las leyendas unidas a lugares geográficos donde la mayoría de las veces a la Virgen, los santos, las viejas o damas que dona tierras o castigan a los habitantes de un pueblo, les corresponde un papel activo. [“Las matres celtibéricas y los relatos sobre los orígenes de los territorios comunales castellanos” (1990) – Revista de Folklore, nº 110] Hoy no se puede hablar de un culto pagano o tradicionalmente alejado de la doctrina eclesiástica en los pueblos castellanos. Pero diversos autores han reconocido en diversos ritos y costumbres, la pervivencia de viejos cultos prerromanos. Las «matres» sufrieron el mismo proceso que otras divinidades menores circunscritas a estos territorios. Como las «dianas» (xanas asturianas) aparece ya en la baja época latina en el sentido de «hada nocturna»; en Castilla, «matre» (matrona) tomará las connotaciones de la fertilidad y al mismo tiempo diosa de los muertos, de los fantasmas nocturnos y maga poderosa. Gran parte del trabajo de campo realizado por Luis Díaz Viana (presidente de la Asociación de Antropología de Castilla y León) se ha centrado en Castilla para la realización de su libro. “Leyendas populares de España” (2008). Un total de 51 relatos y la mayoría de ellos con origen castellano. Ya que en palabras de Viana, Castilla es «una tierra rica en leyendas».


Pero al carecer de un renacimiento cultural que la rescatara ( romanticismos nacionalistas del Siglo XIX, tales como el vasco, gallego y catalán) ha propiciado que se perdiera gran parte de la mitología de las diversas regiones de raíz castellana. Además, siendo las áreas rurales castellanas las más castigadas por la despoblación y la posterior fracción de los territorios castellanos en diversas comunidades autónomas, han relegado estos mitos al ostracismo.

En toponimia Editar

En la toponimia, se puede estudiar gran parte de este legado, que se perpetúa en el tiempo, ejemplo del municipio de Maderuelo (Segovia). El Castro Maderolum como se le menciona época altomedieval, es posiblemente la evolución de “Castrum Matrorum”, o sea, “Ciudadela de las Matres”. Las divinidades celtiberas de la fecundidad de las mujeres y de los campos y animales. Supondría que en esta villa existiría un templo o algo similar donde se realizara el culto a las Matres. Esta adoración queda patente en muchos yacimientos de la zona, donde se han identificado estas matres (Tiermes, Clunia, Duratón, Salas de los Infantes, entre otros).

Así mismo, podemos observar la denominación que reciben ciertas pozas, que hacen mención al dios del inframundo Airón. Ejemplo de ello la tenemos en “El pozo de Airón” del municipio de La Almarcha (Cuenca). Donde se encontró una ara votiba dedica a esta deidad. En lugares como Pedraza (Segovia) se encuentra la Cueva de la Griega donde se hallaron inscripciones vinculadas al dios Airón. Este mito, le encontramos en infinidad de leyendas relacionadas con cuevas, pozos o lagunas o bajo alguna deformación en el topónimo (Hirón o pozahiron). Pudiendo estudiar además casos en Albacete, Ávila, Burgos, Ciudad Real, Guadalajara, León, Madrid, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Toledo.

Duendes castellanos Editar

Martinico (mitología)

El duende castellano por excelencia. Ácrata, agitador profesional, que lleva el desorden y la subversión en las viviendas donde desarrolla sus actividades caseras

Muy arraigada la creencia de estos seres, descritos como un género de demonios «caseros, familiares y tratables», ocupados en hacer toda serie de burlas ridículas a las personas ( “Práctica de exorcistas y ministros de la Iglesia (1668) Benito Remigio Noydens). Parece ser que el origen del termino castellano “duende” proviene de la expresión "duen de casa" o "dueño de casa", por el carácter entrometido de los duendes al "apoderarse" de los hogares y encantarlos. Pero según Fray Fuentelapeña, a los duendes “…En castilla les llama trasgos, y en Cataluña Folletos…”. [1] Una de las acepciones que recoge el DRAE sobre “trasgo” es la de “niños vivo y enredador”. Como botón, puede tomarse unos versos de Quevedo donde dice “A fugitivas sombras doy abrazos / en los sueños se cansa el alma mía; / paso luchando a solas noche y día, / con un trasgo que traigo entre los brazos”. Así mismo el DRAE describe al “duende” como “ … figura de viejo o de niño en las narraciones tradicionales”. Se les representan con forma humana y de unos 60 cm de altura, con la capacidad de hacerse invisibles o de mutarse en pequeños animales. Gustosos de morar desvanes, sótanos y bodegas en donde jugar y hacer ruidos por las noches.


Menciona Ángel del Pozo [2]En el siglo XVI la creencia en la existencia de los duendes era generalizada, de tal forma que era práctica forense en Castilla, así lo asegura el escritor Julio Caro Baroja en su obra 'Del viejo folclore castellano': «Que si una persona iba a habitar una casa y luego se enteraba de que en ella había duendes, podía abandonarla».” También alude las costumbres de estas criaturas “El tirar piedras y realizar pequeñas fechorías es una de las principales características de los duendes castellanos -también conocidos como martinicos o martinillos- para molestar y asustar a los humanos en sus casas, donde se introducen haciendo de ellas su residencia permanente.” En tierras burgalesas se recogen relatos de su existencia en el municipio de Cornejo (Merindad de Sotoscueva, Burgos) y famoso fue el duende de Horna (Burgos). Muchas veces vemos como una casa encantada es causa de duendes y no de fantasmas. Siendo casos conocidos los duendes de Mondejar y Berrinches (Guadalajara), Los palacetes de Madrid (Palacio del Conde Duque, El Palacio de Cañete) o el duende del Retiro.

Malismo (mitología)

Los malismos, así denominados en Torre de Juan Abad (Ciudad Real) a estos duendes más parecidos a los trol nórdicos.

Cuenta de ello es la continua mención a estos seres en la literatura castellana del Siglo de Oro. Tales como Cervantes, Quevedo, Calderón de la Barca, así como tantos otros. Pudiendo recoger mención a estos “espíritus familiares” en relatos populares, tanto en las actas de la Inquisición o de la intervención de la Guardia Civil ya entrado el silgo XX.

Véase ( “Los duendes en la literatura española” Caro Baroja)

El Duende MartinicoEditar

El duende castellano por excelencia. Ácrata, agitador profesional, que lleva el desorden y la subversión en las viviendas donde desarrolla sus actividades caseras, El más popular y extendido es este “Martinico”, “Martinillo” o “Martín” al que se le ha descrito generalmente como rechoncho, rabón, algo diablejo, de estatura tirando a chaparro (casi aspecto simiesco). Bastante inestable emocionalmente (pues son legendarios sus cabreos cuando es importunado); generoso, solidario con los hombres y mujeres, a los que no duda en dar mano en caso de necesidad, como de gastarle las peores jugarretas. Tiene peligrosos y secretos poderes que utiliza para transmutarse en animal (motivo por el cual algunos autores los emparentan, en forma lejana, con las hadas). Su color preferido es el rojo.

Posee extrema debilidad por aparecer con hábitos de fraile. En un relato [3] donde se presenta una familia de hidalgos preparándose para mudarse a Valladolid (debido a las “bromas” del Martinico) descubren como éste (descrito como “frailecillo pequeño”), se les aparece con el “equipaje” al hombro, uniéndose así a la comitiva. Por lo que se le puede relacionar con el duende “Motilón” o “Mochilón” . Ser fantástico de la familia de los duendes vestido de frailón o frailuco, con grandes hábitos y cubierta la cabeza y parte del rostro con la capucha del hábito, donde en el fondo brillaban unos ojos terroríficos que despedían llamas y dejaban mudos de espanto.


Enemiguillos o Diminutos Editar

Se cuenta de ciertos nigromantes burgaleses, que disponían de unos extraños duendes (compañeros a otra de las familias de duendes castellanos), conocidos como enemiguillos. Estos espíritus familiares son de diminuto tamaño y sumamente obedientes con su dueño, por mediación de ciertos conjuros.

Estos también pueden ser los duendes diminutos que se mencionan por ejemplo en Torre de Juan Abad (Ciudad Real) [4] entre asilvestrados y domésticos, que viven en las cavidades de los árboles, nidos de aves, etc, pero habitan cortas temporadas en domicilios humanos para cometer sus pequeñas fechorías. Aunque existe la creencia de ancianos asistidos por estos personajillos en momentos de debilidad de memoria.

Por su extrema pequeñez les obliga a ser muy prudentes y cautos en sus desplazamientos y correrías. Se cree que posee la facultad del lenguaje de los animales.

MalismosEditar

Estos duendes trogloditas, denominados "malismos" o “Mala cosa” [5] , son semejantes a los trols nórdicos. De feas facciones, babeantes, llenos de pelos que le cubren todo el cuerpo en largas y grasientas melenas y muy agresivos.

Habitan lúgubres cuevas o antros oscuros, junto al resto de criaturas nocturnas. Algunos se encargan de guardar tesoros que hay bajo tierra. Nunca acuden a la superficie, la luz les molesta o consume. Los más peligrosos de todos los duendes, ya que son habilidosos en la brujería.

Diablo Cojuelo Editar

Diablo cojuelo (mitología)

El Diablo Cojuelo es una demonio socarrón y juerguista recogido en la tradición oral y literaria de Castilla.

Este diablo, lejos de ser una forma maligna, se le representa como “el espíritu más travieso del infierno” trayendo de cabeza a sus propios congéneres demoníacos. Los cuales, para deshacerse de él, le entregaron en trato a un “astrólogo”. Teniéndolo encerrado en una vasija de cristal.

Se dice así mismo como inventor de danzas, música y literatura de carácter picaresco y satírico. Siendo uno de los primeros ángeles en levantarse en celestial rebelión, fue el primero en caer a los infiernos, aterrizando el resto de sus “hermanos” sobre él. Dejándole “estropeado” y “más que todos señalado de la mano de Dios”. De ahí viene su sobrenombre de “cojuelo”. Pero no por cojo es menos veloz y ágil.

Ojancos (Gigantes ciclópeos) Editar

La DRAE recoge este término como un adjetivo aumentativo y despectivo, como sinónimo de “Cíclope”. J . M. de Barandiarán relaciona al ser mítico de un solo ojo, con los ogros o gigantes que aparece en cuentos castellanos como “El ojanco” y otros nombres parecidos. Estos cíclopes castellanos, también conocidos como “ojarancos” “ujancos” o “ojaranquillos”, se les representan como una especie de seres simiescos de barbas tan ásperas como cerdas de jabalí que le llegaban a las rodillas y así le tapaban el cuerpo, pues solía ir desnudo. Su peculiaridad era tener dos filas de dientes y un único ojo brillante que le ocupaba casi toda la zona frontal (y en algunos relatos populares se atribuyen además dos cuernos). Era ágil como las águilas y con una extremada fuerza. Habitan en montañas, cuevas, posadas o castillos. Suelen disponer de rebaños (pastores, como en La Odisea) o de un ejército y servidores coaccionados, y les gusta de la carne humana. [6] El mito está emparentado con sus “primos”, el Xigante gallego y el Patarico asturiano, junto a su “hermano” montañés El Ojáncanu.


Estos seres han sido recogidos no solo en leyendas, como ejemplo La cueva de los gigantones en Alcalá de Henares (Madrid) o El Gigante del Valle Estrecho en San Martín de los Herreros (Palencia). También en los cuentos populares castellanos [“Cuentos castellanos de tradición oral” (1983), “Cuentos populares de Castilla” (1946)] como también en relatos de escritores eruditos como Luis Vélez de Guevara en “El caballero del Sol” (1617). Mencionándose también en la obra de Fray Benito Jerónimo Feijoo, “Teatro crítico universal, tomo segundo” (1728) en contra de las supersticiones populares de la siguiente manera: "Ya se sabe que en ninguna parte de la Tierra hay Pigmeos, ni Ojancos, ni Hipógrifos, ni hombres con cabezas caninas, ni otros con los ojos en el pecho, ni aquellos de pie tan grande, que con él hacen sombra a todo el cuerpo, u otras monstruosidades semejantes."

Además, se conoce de su versión femenina, como la Ojáncana o en Piedrabuena (Ciudad Real) denominada la Ojanca. Ésta, era usada para asustar a los niños, cuyo nombre explicaban los lugareños en razón de que tenía un ojo muy grande.

Paparrasolla Editar

Este ser imaginario muy conocido en la sierra burgalesa, junto a otros personajes como la Marrona, la Cocharrona, el Coco y el Sacamantecas. Recogido en el DRAE de la siguiente manera: “Nombre femenino poco usado para referirse a un ente imaginario con que se amedrenta a los niños a fin de que se callen cuando lloran”.

Luis Díaz Viana menciona a la Paparrasolla en su “Aproximación antropológica a Castilla y León” (1988) como una creencia muy viva en Barbadillo de Herreros (Burgos) en la que se dice de ella que vive dentro de la torre de la iglesia, por donde sale a través de un ventanuco redondo en la parte de atrás del campanario, para llevarse a los niños desobedientes a su nido. O bien en los desvanes y rincones oscuros de la casa desde donde emite gritos lastimeros y horribles. La comparan con una especia de harpía (Cabeza y senos de mujer y cuerpo de ave rapiña)


Tragaldabas Editar

Este personaje del folklore castellano, también conocido como El Zamparrón o La Zarrampla, es representado como monstruo u ogro grande de boca enorme y gran buche o barriga con una voracidad insaciable. Algo amorfo y elástico y de estomago infernal. Capaz de ingerir hasta un ejército entero. De ahí su nombre al referirse al Tragar o zampar de una atacada o sin masticar. Usado como “asusta niños” que no quieren dormir, común a otras regiones ibéricas como el gallego “O Papón”, el “Papón” asturiano y el portugués “O Papào”.

Aurelio M. Espinosa recoge en 1988 un cuento de la tradición oral en Astudillo (Palencia), en el cual el monstruo advierte a quienes se acercan (sin éxito) que se tragará a quién se acerque. Y así va comiéndose a tres nietecitas, un molinero, un rebaño de ovejas y un batallón de soldados, etc. (varían los personajes según la versión). Hasta que llega una hormiguita, la cual recibe la misma amenaza que a los anteriores, pero ésta le replica que le picará el culo (o se le meterá por él, según distintas versiones) y le hará bailar, consiguiendo así que expulse a todos los que se ha comido (por el culo o regurgitados) y entre todos le darán fin.

En diversas fiestas municipales existe la costumbre de montar una especie de “atracción” de cartón piedra denominada “tío Tragaldabas” [7] (o “Tía Melitona” [8] ) En la que los niños pueden subir, penetrar por la enorme boca y tirarse por el tobogán para salir por detrás de la figura.

Según la DRAE es nombre coloquial de persona muy tragona.


(Véase el cuento popular castellano “El tragaldabas”)


Oricuerno Editar

Conocido como Alicornio o unicornio, al que se le representa como un caballo blanco, con patas de gamo y cola de león, cabeza púrpura, ojos azules, un cuerno largo y retorcido en medio de la frente y una alitas encima de las pezuñas. Animal muy fiero que solo se dejaba amansar por un doncella virginal que le ofreciera su pecho descubierto. La tradición describe el poder del cuerno del de este animal contra cualquier tipo de ponzoña natural o sobrenatural.

La mano negra Editar

Ángel del Pozo de Pablos en “La cripta sellada” recoge en Segovia relatos sobre este ente diabólico con forma de mano que ataca a las personas cuando están distraídas, orinando (hombres) o dormidas. Si te toca el hombro, al girar el rostro suele arrancar los ojos del incauto. En Torre de Juan Abad (Ciudad Real) dice la tradición que la “Mano Negra” era un ente femenino y acuático como una fea manaza con uñas negras que habitaba en las oscuras y peligrosas aguas de las charcas. Que siempre estaba al acecho para arrastrar a los niños a su madriguera. En la Solana (También Ciudad Real) se decía que volaba para llevarse a los niños díscolos. Pero no hay acuerdo, es si la Mano Negra, es la diestra o la siniestra. Y en otros pueblos se la decía de forma antropomorfa.

Parece ser este espantajo tiene un pariente en otras localidades denominada la “Pata Negra”, su hábitat son las chimeneas. Se la dibuja como una gran pata de lobo negro o de zorra del mismo color.

El lobo hechizado o hombre-lobo castellanoEditar

De este personaje se decía que había sido víctima de una maldición, O bien se “hechizaba” mediante ungüentos o la ingestión de ciertas hierbas. En ocasiones se hacían acompañar de jaurías de lobos auténticos. Y muchas ocasiones, siendo éste consciente de la transmutación que sufría determinadas noches, avisaba a los familiares que no abriera las puertas. Esto es precisamente lo llamativo de los hombres lobos castellanos, que su identidad era conocida por el pueblo. (Sin que esto fuera un problema para convivencia).

Bibliografía: Editar

  • “Viejas historias de Castilla la Vieja” (1964) – Miguel Delibes
  • “Del viejo folclore castellano: páginas sueltas” (1984) – Julio Caro Baroja
  • ”La casa encantada. Estudios sobre cuentos, mitos y leyendas de España y Portugal” (1997) – Eloy Martos
  • Aquelarre (juego de rol)"
  • ”Cuentos populares de Castilla y León. 2 vol.” (1987-88) – Aurelio M. Espinosa (hijo)
  • “Mitología popular (Campo de Montiel)” (2004) – Revista de Folklore N.º 282 | Fundación Joaquín Díaz
  • “Aproximación antropológica a Castilla y León]” (1988) – Luis Díaz Viana
  • “Historias y Leyendas Palentinas” (2001) – F. Roberto Gordaliza Aparicio
  • “Leyendas y tradiciones españolas” (1958) – Cristóbal Lozano
  • "Literatura Fantástica y de Terror Española del Siglo XVII" (1982) – Varios autores. Fontamara, S.A.
  • “La cripta sellada]” (2007) – Ángel del Pozo de Pablos
  • “Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva (Tribunales de Toledo y Cuenca) (El duende Martinico). (1942) – S. Cirac Estopañan
  • “En busca del unicornio” (1987) – Juan Eslava Galán.
  • “Cuentos populares españoles” (1946) – Aurelio M. Espinosa
  • “Las matres celtibéricas y los relatos sobre los orígenes de los territorios comunales castellanos]” (1990) – Revista de Folklore N.º 110 | Fundación Joaquín Díaz
  • “Un futuro incierto]” Luis Díaz Viana (Diario de Valladolid)
  • “Palencia en el siglo XV]” (1895) – Francisco Simón y Nieto
  • “Literatura Fantástica y de Terror Española del Siglo XVII”]

Leyendas Editar

Véase tambiénEditar

Referencias Editar

Artículo original de Wikipedia.

Enlaces externos Editar

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